Un declive lento
Mucho antes de la pandemia, encontramos un patrón claro: Bolivia mostraba señales de declive económico. ¿Qué fue exactamente lo que vimos?
Para una economía pequeña como la boliviana, cinco variables macroeconómicas contaban casi toda la historia: la balanza comercial, el déficit público, el tipo de cambio fijo, la deuda externa y las reservas internacionales.
La balanza comercial mostraba cómo entraba y salía la moneda extranjera del país. Las reservas internacionales funcionaban como el “termómetro” de los ahorros del país en moneda extranjera. Las otras tres variables mostraban hacia dónde se dirigía el país.
Había otra razón para creer que nada cambiaría pronto: el Estado seguía creciendo, lo que mantenía en crecimiento a la economía, que llegó a ser llamada “el milagro boliviano”. Nada hacía pensar que eso fuera a cambiar.
La balanza de pagos
2014 fue el año en que las reservas internacionales de Bolivia alcanzaron su máximo. Después, con la caída del precio de las exportaciones de gas natural, la balanza de pagos se volvió negativa.
En Bolivia, el déficit del ingreso primario siempre se compensaba con el ingreso secundario (como las remesas). Eso dejaba la posición en moneda extranjera sostenida solo por un gran drenaje oculto: la cuenta de errores y omisiones.
Como resultado, al considerar la cuenta financiera y las omisiones, la balanza de pagos resultaba negativa aunque la balanza comercial siguiera siendo positiva.
Déficit público y deuda externa
Con una política nacional de crecimiento y expansión, Bolivia mantuvo su déficit público en torno al 8% del PIB.
¿Cómo se financiaba esa brecha? Para mantener baja la inflación, la mayor parte del exceso se financió con deuda en moneda extranjera, destinada a proyectos de desarrollo. El déficit siguió alimentándose principalmente con deuda externa.
Toda la economía crecía con dinero prestado. Bolivia parecía una economía en crecimiento, pero desde el punto de vista financiero era insostenible.
El tipo de cambio fijo
Con déficit público y una fuga de moneda extranjera, solo faltaba un elemento para garantizar la crisis: un tipo de cambio fijo.
Con un tipo de cambio fijo, los únicos que pagaban la cuenta eran la deuda externa y las reservas internacionales. Como era de esperar, la primera no dejó de subir y las segundas no dejaron de caer, sin frenos.
El termómetro
El Banco Central de Bolivia solía publicar un informe semanal. En enero de 2023 mostraba que Bolivia tenía menos de 500 millones de USD en efectivo.
Reflexiones finales
Para nosotros era bastante evidente que la moneda boliviana seguiría un camino similar al del peso argentino: una devaluación no oficial y la aparición de un mercado cambiario paralelo.
Nos cubrimos frente a ese escenario y funcionó. Lamentablemente, muchas pequeñas empresas no lo hicieron y sufrieron pérdidas que se habrían podido evitar.



